Los límites de la democracia. Reflexiones de dos expresiones artísticas: Serie Negra (Romero) y El Proceso (Kafka)

July 4, 2016

Imágenes: "Serie Negra", Nelson Romero.

 

Estas voces no son voces solitarias, sino que parten de una construcción en conjunto con mi compañera de facultad y amiga Dayiana Longo. Comenzó como un homenaje a mi padre que a su vez fue un homenaje a su amigo Hugo, devino como una mera tarea académica en el cumplimiento curricular y a partir de ahí desplegó su potencial disparado por nuevos caminos. Es así que las líneas que siguen, parten de fragmentos ya escritos, otros reescritos y otros nuevos, basándose en la temática que nos atañe, la democracia.

 

 

Introducción de la serie


La Serie Negra es un conjunto de obras que son culminadas en 2010, pero que son inmanentes en tiempo y espacio. Según el autor, surge como una “técnica espontánea y desordenada, como un alegato desesperado”. Deviene como un homenaje a un año del fallecimiento de su amigo, el pintor Hugo Nantes, donde se recrean sus “Esculturas Negras", "Los desastres de la guerra" (Francisco Goya) y el ensayo “Elogio a la locura" (Erasmo de Rotterdam). Ambas series y este prodigioso ensayo tienen un factor común; ‹el triunfo de la estupidez humana›.
 

En esta serie, se pueden visualizar juicios que nos remiten a escenas Kafkianas, dictámenes que condenan la eternidad por parte de jueces bestializados, que interrogan a individuos abatidos por su desesperanza. “Ciegos guían a multitudes; caudillos mesiánicos que cabalgan sobre la miseria del pueblo. Censores y clérigos simoniacos que predican la salvación y que ofician de policía espiritual del mundo junto a los adulones de turno.”(Romero)
 

El triunfo de la estupidez humana, para Romero, tuvo su epicentro en nuestro país en la década del 70, con el desenlace de la dictadura cívico-militar, periodo en el cual fue reiteradamente detenido y perseguido por sus producciones provocativas.
Por momentos, las obras se asemejan a una pesadilla, a una parodia tragicómica, que es representada mediante su característico realismo mágico, plasmado en impresiones de grabados que identifican su obra.

 

La Serie Negra, visualiza una humanidad errante por tierras calcinadas, sin horizontes y sin esperanza. No sólo es una provocación, sino una invitación a problematizar-nos, y cuestionar las dimensiones del campo de producción social y la propia maquinaria deseante de ésta.  La producción artística aquí, como obra de arte y de resistencia a los modos de vida que produjeron, producen y reproducen miseria y sometimiento.

Ante esto, me planteo un desafío tan ambicioso como humanizante, esbozar líneas de fuga, lo que significa, alternativas que posibiliten a nivel individual y colectivo, reapropiarse de la singularidad, empoderarse y tejer redes solidarias.
 

Generar entonces, ciertas líneas de pensamiento, para incitar la creación de nuevas posturas, líneas que posibiliten encontrarnos en lugares alternos al poder dominante y los modos de producción de la verdad absoluta.

Por tanto, decidí recurrir a la literatura y hacer un paralelismo con Kafka y su novela “El Proceso”, donde se visualiza el desaliento de lo humano ante lo absurdo, y la existencia de un particular personaje: Titorelli. La novela es una clara denuncia a la burocracia y al abuso del poder, donde este pintor no es más que un charlatán que vive en la miseria, en una buhardilla hecha de tablas en un edificio abandonado. Éste, se encuentra repleto de niños insoportables, que buscan hostigar la vida del pintor que oficia de retratista del Poder judicial, representando jueces insignificantes, como grandes cortesanos y enalteciendo su figura.


“…No es ningún juez supremo y jamás se ha sentado en un sitial así.
–– ¿Y, no obstante, se hace pintar en una actitud tan solemne? Parece el presidente de un tribunal supremo.
––Sí, los señores son vanidosos ––dijo el pintor––. Pero tienen permiso de sus superiores para pintarse así.” (Kafka, 1978)


En este personaje el motor del deseo, es el miedo, reproduce lo que otros le ordenan sin cuestionamientos. ¿Qué vigencia tiene la serie y la novela? ¿Es representativo el funcionamiento de Titorelli con la sociedad actual?
 

Percepciones que son transversales a Serie Negra nos acercan a dimensiones donde seres transitan horizontes desesperados, repletos de miseria y de angustia. Buscan migajas, en platos vacíos- ya roídos buscando disimular sus dolores. Dolor encarnado en el rostro que gime por una salvación, la esperanza de una libertad que nunca llegará. Escenas donde hermanos luchan contra hermanos, y se torturan como si fuese natural, procesos interminables que obturan las libertades y condenan a la desesperanza. El lugar de cada personaje está invisibilizado en la pirámide social. “No figuran”, tal como lo maneja Romero en el título de una de sus obras.
 

Los sometidos honran a los represores, quienes profesan sus ideales mediante discursos vacíos, predicando de este modo la injusticia. La jerarquía de la justicia se padece en grados infinitos, capaces de confundir a todos los iniciados, cuyo debate ante los tribunales era silencioso, o más bien silenciado, secreto (pero latente).

 


Sobre la actualidad de la Democracia en nuestras latitudes

 

Es interesante visualizar la genealogía del concepto de democracia en nuestra sociedad, entender cuál fue su origen y su evolución hasta la actualidad, así como previsiones para los tiempos que vienen. Para eso, entiendo necesario, tomar y/o crear líneas de pensamiento que contemplen movimientos alternos y minoritarios. En el entendido de que, la democracia etimológicamente significa <el poder del pueblo>, es necesario preguntarse, si en la actualidad es utilizable el término como tal, ya que quizá, estemos reproduciendo un concepto naturalizado, pero que poco tiene que ver con la realidad. Mas si esto es democracia, he de invitar a comprender y problematizar cómo funciona.

 

El pueblo, ¿es capaz de poder definir mediante sus acciones, instancias/decisiones que potencien sus libertades? Quizá, lo que debamos hacer es generar y/o habilitar los espacios propicios para comenzar a pensar la democracia como el lugar donde la ética y las posibilidades de libertad tienen cabida real. ¿Por qué no nos hemos detenido a hablar sobre esta noción en tiempos de crisis en Latinoamérica? Una respuesta posible, nos acerca a los procesos continuos de vaciamiento del discurso político producto de los límites de un sistema liberal, que busca una desideologización discursiva y también pragmática, centrándose únicamente en la denuncia de la corrupción o la mediatización de hechos tergiversados. Esa estrategia de corrimiento, ha sido planeada evitando discutir el meollo, la discusión de ideas que sustentan las diferencias. La excesiva centralidad en lo presente hace negar las constituciones de las que formamos parte, nuestra implicación con el socius escondiendo eso que somos, o cómo somos, o qué procesos constructivos caminamos para ser lo que somos. “Somos hoy, somos ahora” adviene como el imperativo de moda, sentencia de un hombre sin historia y rozando la imposibilidad de historizar(se).

 

Las nociones de centro y periferia del funcionamiento del capitalismo, no solo son utilizadas por las derechas, sino que muchas veces son tomadas por algunas expresiones de la misma izquierda, las que no hacen más que perpetuar el desgaste de la democracia, la manipulación y provocan un viraje hacia los intereses personales (o corporativos) más que por el bien común, por lo tanto, el fin de la política. Ya no hablaremos de esta ilusión de libertad, sino de construcción de máquinas de liberación democrática, que no son más que máquinas creativas. Éstas no gastan su potencial intentando estar por fuera de la “máquina”, porque, ¿qué hay por fuera de la máquina, sino, buscar otras formas de transformar activamente esta maquinaria? Disponer de la entrada tanto como de la salida, o vibrar por la tangente. Esto es, lo que en términos Kafkianos hace la literatura menor (singularidad de los excluidos, expulsados, ignorados, etc.) dentro de la lengua mayor (la mayor no-representación). Dar voz a la singularidad se transforma paradójicamente en una acción colectiva, y ésta no es más ni menos que un hecho político. Se promueve una enunciación colectiva, también es una enunciación revolucionaria que crea otro tipo de sensibilidad y conciencia.

 

La caza de brujas del macartismo sobre las ideas progresistas, ha mutado en nuevas formas de proceder con complicidad de ciertos sectores del socius, nuevas tecné, especialmente en los media y el poder judicial, los cuales actúan a partir de la construcción de un enemigo como elemento central, como la demostración de las propias debilidades proyectadas en “el otro”, la famosa “grieta”, que divide a los buenos de los malos, cercando la discusión en enunciados trascendentes, en juicios categóricos, ciertamente creados por unos pocos y naturalizados por la mayoría.

 

Este funcionamiento ha sido explicitado en países de la región, por una parte, en Argentina, se logró desestabilizar y quitar del poder al kirchnerismo mediante una campaña de mediatización y judicialización de lo político, a partir de un actor clave como lo fue el grupo Clarín. ¿Hubiese sido posible el gobierno de Macri sin ese apoyo? ¿Hubiese sido posible la victoria sin su asesor de marketing, su coach Duran Barba? quien sugería como principal estrategia no discutir ideas, sino conmover al público, generar emociones cual kisch posmoderno. La política y los procesos de democracia en estas latitudes han devenido hacia la cultura pop, un jingle resulta ser más efectivo que la discusión de ideas.

 

¿Hubiese sido posible la implementación del Impeachment sin la complicidad del poder judicial brasilero y sin el apoyo de la Red Globo? Seguramente no, y esto marca y define el debilitamiento de la democracia como sí.

 

En esa pantalla se enmarcan escenarios tragicómicos, que suceden como una repetición de imágenes, permitiendo que en algunas ocasiones la realidad supere la ficción. Esto remite a escenas que plasma Romero en su serie “No figuran”, o escenas propias de “El Proceso”. Quizá, el caso más representativo se haya dado en Brasil durante la sesión de votación de la cámara de diputados para la implementación del juicio político a Dilma, que nos transporta fielmente a una escena kafkiana, donde en una maratónica sesión, los diputados disponían de 10 segundos para defender su voto, y su defensa implicó el aval de la represión militar durante la dictadura, elogios a torturadores, por la familia cuadrangular, por el cumpleaños de sus hijos, por el amor a un dios todopoderoso que los llevará de la mano a su salvación.

 

¿Cuánto hay de deseo de sometimiento en la solicitud por la militarización? ¿Cuán presente está el no cuidado de si y la defensa de los intereses personales a costa de la muerte y la opresión de otros?

 

Los libros de leyes en el juicio a Josef K. eran libros pornográficos, como los argumentos jurídicos que han derrocado e insultado a la democracia, han hecho de la consulta popular, de las voluntades, un “Material descartable” como retrata Romero. Esa pornografía (en el sentido de tomar a otro como un objeto comprable y vendible como un objeto-mercancía) es representada por la falsa ilusión democrática que sostienen como bandera las derechas que acechan nuestro continente.

 

Ante esto, sería interesante pensar sobre las transformaciones de las tecnologías del poder que actúan en el terreno social, lo que nos lleva a reparar en la tendencia a la homogeneización universalizante y reduccionista de la subjetividad.

 

La democracia se ha transformado en un espectáculo “que propicia a una construcción ilustrativa y narrativa que da cuenta de una vida bajo ciertos dominios, es decir, el mundo sensible es investido por imágenes que se ubican encima y se profesan como sensibles (al tiempo que efectivamente no lo son). Según Longo (2015), se entenderá fundamental abandonar la violencia del espectáculo, para encarnar la violencia de la sensación. Ahora bien, para entender mejor esta última, y no confundirnos con las interpretaciones del término, agrego: “a la violencia de lo representado (lo sensacional, el cliché) se opone la violencia de la sensación. Ésta se funde con su acción directa sobre el sistema nervioso, los niveles por los que pasa, los dominios que atraviesa” (Deleuze, 2009)

 

En este sentido se desatan aún algunas interrogantes más sobre las cuales es preciso reflexionar: ¿Por qué elegir el grito antes que el horror? En correlación a: ¿Por qué elegir la violencia del espectáculo en vez de la violencia de la sensación?

 

Pensando sobre espectáculo y democracia emergen imágenes de los procesos de consulta popular, específicamente la votación quinquenal, dígase, el método perfeccionado de la democracia, donde los actores políticos hablan los días de votación como la “fiesta de la democracia”, degradando así a la misma.

 

La falsa ilusión de esta democracia, ha de ser suplantada por una democracia real que garantice la verdadera soberanía popular, con la incorporación de todos los actores sociales, que comprometan a una verdadera toma de decisiones por parte de los sujetos, en una instancia que pase del lamento reiterado sobre la clase política, a la toma de decisiones responsable. Como, por ejemplo, exigir la promoción de más y mejores mecanismos de democracia directa y la presentación de proyectos de ley de iniciativa popular. Cuando los gobiernos dan la espalda a sus bases, por ende, los movimientos sociales, deja de ser democracia y pasa a ser la defensa de unos pocos, la de los representantes que no representan.

 

En resumen, estamos afrontando tiempos del deseo de la antidemocracia disfrazado de moralismos simplistas, que buscan la reacción inmediata por sobre el análisis de las situaciones.

 

Entiendo que el sujeto se constituye activamente mediante prácticas que no precisamente él inventa (pero que tiene la posibilidad de hacerlo), basándose en esquemas socioculturales propuestos, o impuestos por una sociedad o grupo social. Las relaciones de poder son, por tanto, móviles e inestables, de carácter relacional. Remarco entonces, el hecho de que, no puede haber relaciones de poder, más que en la medida que los sujetos sean libres. Entonces es posible entender que el mismo deseo de tortura, de sumisión, se esconde muchas veces tras el velo del asistencialismo, la delegación del poder popular, y el crecimiento en cambios inmediatos y mágicos

 

 

Sobre como liberar la democracia

 

Prefiero pensar a la democracia como el ejercicio constante de la crítica y acciones creadoras ante el poder establecido del estado. Prefiero pensar en la construcción activa y comprometida de la democracia, la resistencia de los gobernados por sobre los gobernantes, de los oprimidos por sobre los opresores, y la reapropiación de los derechos y las responsabilidades civiles del país que queremos y de las formas que tomaremos para avanzar hacia él.

 

Esta posición, invita a pensar una democracia que se llene – y naturalmente se desborde-, a través de los movimientos colectivos y sociales de invención, mediante los cuales se habilitan nuevas significaciones, nuevos conceptos y afectos, nuevas formas de entender la propia práctica democrática, y un nuevo conocimiento, que a la vez supone una sustancial transformación de los procesos subjetivantes.

 

La noción subjetivante refiere a los procesos dinámicos de subjetivación, diferenciándola de la noción de producción de subjetividad, como la producción en masa (eso moldeable que usan los grandes medios de comunicación), la serialización de individuos prefabricados en sus formas de pensar, el motor básico de funcionamiento de las sociedades de control. Lo que podríamos definir como el “fordismo del pensamiento”. Por otra parte, los procesos de subjetivación, tienen la capacidad de generar líneas de individuación, de movimientos micropoliticos que componen los cuerpos en función de los encuentros que generan –una reunión con la comisión de vecinos, la compañía en silencio de una marcha del silencio etc. No es ni más ni menos que entender el concepto que redimensiona Foucault como Gubernamentalidad, ¿cuánto avalamos al poder con los actos que realizamos (o dejamos de realizar) cada día para la perpetuación de este sistema democrático tal como lo vivimos? si deseamos una nueva reinvención de la democracia ¿porque reproducimos las mismas lógicas de producción?

 

La propia noción de Gubernamentalidad permite dar cuenta de la libertad del sujeto y su relación con los otros, de la ética. Gubernamentalidad como conjunto de prácticas por las cuales se pueden conformar, organizar, las estrategias que los individuos en su libertad pueden tener con los otros.

 

“En un juego de verdad dado siempre cabe la posibilidad de descubrir algo diferente y de cambiar más o menos tal o cual regla, e incluso a veces todo el conjunto del juego de verdad.” (Foucault, 1999)

 

Pensando sobre Titorelli, y los retratos de Serie Negra, caigo en la cuenta de que quizás, lo tiránico y despótico deviene del no cuidado de sí, y de las relaciones establecidas en pos de esto, el apresamiento del deseo. En esta línea de pensamiento se pone en tela de juicio el complejo entramado de juegos de verdad, que ya no tienen que ver con una práctica coercitiva, sino con una práctica de auto transformación del sujeto.

 

Sostengo que “la idea de posibilidad democrática se obtiene de una comprensión abierta de democracia. A esto hay que decir que la democracia no es un ente abstracto o metafísico, no es un proyecto acabado y cerrado, que permite obstinarnos en defender unas instituciones suficientemente malogradas por la abstracción individualista. La democracia no consiste en esto. Ni se abstiene, ni se aleja de las plazas o las calles. La democracia es una práctica que se asienta nada más y nada menos que sobre la acción, el trabajo y la construcción común de nuevas posibilidades” (Prieto & Martínez, 2007: 27).

 

Es una práctica abierta a nuevos sucesos capaces de introducir la idea de gobierno participativo donde exista un respeto a las singularidades que conforman la sociedad toda. Como plantea Longo (2015), es un devenir, que alienta a ir “hacia”, siendo “lo otro”, que no es devenir extraño a uno, sino que es aceptar y bienvenir la potencia de lo menor en uno. Implica desprenderse de las formas que la mayoría captura y profesa, volverse minoritario respecto a eso mayor. Freud lo expresaba respecto a lo que sucede en la cultura, planteando que las formas nos encierran, dejando de lado parte de nuestra potencia, sin embargo, es claro también, que sin las formas no podemos vivir. Por tanto, es deseable que la potencia interactúe con la forma, pero no de modo que esta limite a la misma. Desde lo micropolítico y lo local, existe la posibilidad de crear nuevos vínculos que proporcionen otros modos de creación de lo existente.

 

¿Cuán dispuesto estamos a esto realmente?

 

 

* Licenciado en Psicología, 25 años. Oriundo de San José, militante independiente del Frente Amplio e integrante de la Red de Agroecología en la regional San José.

 

Referencias

 

Deleuze, G. (2009). La lógica de la sensación. Madrid: Arena Libros.

 

Foucault, M., (1999). Estética, ética y hermenéutica. Barcelona, Editorial Paidós.

 

Kafka, F. (1978). El proceso. Editorial Concepto, S.A. México 13, DF.

 

Longo, D. (2015). Tecnologías de arte: una fuga creativa. Trabajo final de grado.

 

Prieto, R. R., & Martínez, J. M. S. (2007). Hegemonía y Democracia en el siglo XXI:¿ Por qué Gramsci?. Cuadernos electrónicos de filosofía del derecho, (15).

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