Entrevista a Juan Geymonat

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI) - Cayó el muro de Berlín, de a poco se diluye el ciclo progresista en América Latina, ¿cuál es el horizonte histórico para orientar la militancia hoy?

 

Juan Geymonat (JG) - Tenemos que asumir que la experiencia del socialismo real fracasó. Y que parte grande de ese fracaso no se lo debe a factores externos. Ahora bien, ahí existe un acumulado histórico, un intento de magnitudes interesantes para desafiar al capitalismo como forma de organizar la vida en el planeta. No podemos hacernos los bobos con eso, ni mirar para el costado. Creo que gran parte de la izquierda que asume un compromiso con el cambio social, cae en ese problema. Nos queremos desprender del fracaso pasado, como si no tuviéramos nada que ver, o lo seguimos levantando como si su derrota fuera algo totalmente ajeno a su dinámica. Pienso que tenemos mucho para aprender de la historia del socialismo real, y que tenemos la necesidad histórica de extraer las enseñanzas necesarias para nuestro accionar actual.

 

Por otro lado, si bien el socialismo real ha sucumbido, de ello no se desprende como consecuencia lógica que el capitalismo sea un sistema superior y perfecto. El capitalismo sigue reproduciendo la miseria más terrible a nivel global, las desigualdades más atroces y el embrutecimiento de la vida en general. Y, lamentablemente, pese a la buena voluntad que puedan tener los que se benefician de este sistema, lo seguirá haciendo. Porque no es algo que dependa de la buena voluntad de un individuo, sino de la lógica general de cómo se reproduce el sistema.

 

No obstante, poner este problema en la subjetividad de la gente no es tarea fácil. Creo que la idea que reina es que si bien el capitalismo tiene componentes injustos, es posible que nosotros como país periférico -o incluso como región- nos salvemos. Es posible que nos integremos en la lógica virtuosa de los países desarrollados. Y ahí estamos, en esa carrera contra el horizonte.

 

Estamos saliendo de un tiempo en el que esa carrera parecía ser posible (altas tasas de crecimiento, aumento del ingreso, etc), para volver a darnos la frente contra el suelo. Para levantar, no tenemos mucho más allá de nosotros. No existe una experiencia exitosa de gran relevancia que irradie con su luz. El escenario general es de derrota en términos de alternativas al capitalismo. Este es el escenario en que nos toca hacer política. Hay que tenerlo bien claro.

 

HI - Durante el siglo XX convivieron diferentes perspectivas estratégicas: el foquismo, los planteos insurreccionalistas, los frentes populares policlasistas y la tesis de la “revolución democrático-burguesa”, ¿cuál es la estrategia en el Uruguay del siglo XXI? ¿Alguna experiencia histórica clave o algún material para pensar este asunto?

 

JG - Creo que las transformaciones sociales radicales a lo largo de la historia han logrado combinar dos elementos bien macerados. Un carácter de masas y la condensación de una especie de cambio de cabezas previo. Si bien en algunos casos la conducción de los procesos ha estado en grupos pequeños, en el momento clave las masas se han volcado a inclinar el proceso en forma decisiva. Esto vale desde la revolución francesa a la cubana y de Allende a Chávez. Por otro lado, previo al día D, se suman procesos sociales que desafían al sistema y que colocan nuevas reglas, nuevas ideas, nuevas formas de convivencia aún en manera germinal. Ambos elementos se retroalimentan y combinan.

 

Con el poder en la mano, pero sin experiencia, acumulación y sentido nuevo a nivel de la sociedad, lo viejo vuelve a emerger. Por otro lado, sólo buscando prefigurar el socialismo en nuestra cotidianeidad no vamos a desembocar en un cambio general.

 

Pensar una estrategia de cara a la superación del capitalismo debe -además de tomar estas enseñanzas históricas- contar con un análisis certero de la realidad concreta. Esto no nos garantiza el éxito, pero sin una lectura acertada estaremos condenados a la derrota. Entiendo que hay una serie de elementos en la historia y la coyuntura uruguaya que inciden directamente en el trazo estratégico. En primer lugar un país de escasa posibilidad de desarrollo autárquico. Esto es, muy dependiente en bienes y servicios del exterior y con una escasa posibilidad de defensa nacional exitosa. Por otro lado, un país muy pegado a la institucionalidad y donde el Estado mantiene una autonomía relativa respecto a los intereses de las clases dominantes mayor que en otros países de la región. Una clase dominante débil en términos relativos a la región, bastante ligada al capital extranjero y trasnacional y con escasa posibilidad de constituirse en una burguesía nacional desarrollista. Una clase trabajadora variopinta y con distintas situaciones materiales. Formas transicionales de clase también variopintas: cuentapropistas, pequeños comerciantes, pequeños productores.

 

Me inclino a pensar, bajo esta serie de elementos, que el cambio social en Uruguay estará muy ligado a la vía institucional. Que es condición para el mismo la diversificación de la matriz productiva, pero para ello es necesario tensar o alterar la matriz de relaciones de producción en una dirección que implique centralidad del Estado en la planificación económica y formas de copropiedad y gestión con organizaciones de trabajadores. Entiendo que este proceso general desemboca necesariamente en puntos de inflexión que surgen de la tensión entre intereses de clase divergentes. Por ello, creo central que el proceso de cambio deba darse en dirección de avizorar estos puntos de condensación mediante los cuales -correlación de fuerzas mediante- es posible dar saltos cualitativos en la concreción de una sociedad socialista.

 

 

HI - Tal parece que en las últimas décadas, más que por la represión abierta, las élites han ejercido la dominación por su capacidad para construir consensos y universalizar sus intereses, dónde el poder mediático ha sido un actor clave. En este nuevo escenario, ¿qué queda en pie de las tradiciones de lucha de la izquierda y en qué hay que innovar?

 

JG - Creo que los métodos de lucha no se escogen a priori. En gran medida vienen dados por las situaciones concretas. Se elige, pero de un conjunto de posibilidades reducidas. Y, en otra gran medida, se encuentran subordinados a los fines que se persigue.

 

Por todas las cuestiones adelantadas antes, la lucha en Uruguay está muy ligada a la construcción de movimientos u organizaciones de masas. Creo que la tónica sigue estando allí y que existe una capacidad instalada importante para ello (PIT-CNT, FUCVAM, FEUU, etc). El problema está en la necesidad de poner a andar esta maquinaria al 100%. Por supuesto que no tengo claro el cómo. Sería bastante arrogante de mi parte. Lo que si intuyo es que es necesario reconstruir un sentido de clase trabajadora que hoy se encuentra fragmentado. La única posibilidad de acción de masas que desborde en términos políticos en Uruguay pasa por hacer confluir los intereses de los trabajadores en un mismo programa de transformaciones, y ese aspecto hoy tiende a dispersarse bastante. Si uno mira la prensa, parecería que existen más diferencias a la interna de la clase trabajadora que entre esta y sectores de la clase dominante.

 

Para ello es central trabajar sobre el cómo llegamos a la gran masa de trabajadores del país. Masa que en su mayoría ni siquiera se encuentra afiliada al PIT-CNT. Cómo construir una línea argumental sencilla pero que vaya a los temas medulares que hacen a la transformación del Uruguay, y que permitan a la vez aglutinar. Claro está que esta tarea estratégica central para la etapa, no supone únicamente la elaboración de documentos programáticos y una línea discursiva, sino que implica un posicionamiento y una construcción a todos los niveles.

 

 

Juan Geymonat es trabajador social, docente del Servicio Central de Extensión de la Udelar y militante de ADUR. 

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